domingo, 13 de octubre de 2013

Así empieza...


1:
Erase una vez, una jovencita llamada Narple. Tenía la tierna edad de quince años; una bonita melena castaña salvaje y unos ojos del color del mar; una sonrisa dulce y tímida, una nariz chata y su físico era pequeño y frágil, pero a la vez esbelto.
Esta historia comienza como un día normal en su palacio. Se despertó en su alcoba, cuando alguien tocó a la puerta. Su abuela Crigera apareció por el delicado marco de la puerta y entró en la habitación. Una Narple desconcertada miraba detenidamente a su abuela que se disponía a contarle algo aparentemente importante.
  • Narple, querida ya has florecido y sabes lo que eso conlleva. He convocado una reunión con el príncipe Lexan, que es un par de años mayor, pero servirá para formar una alianza.
Narple, al escuchar a su abuela decir esa frase, cayó de pronto en como su vida podría cambiar si ella llegara a casarse con Lexan, solo por unir a los reinos y juntar fuerzas para las guerras, y entonces, enfadada dijo:
  • Abuela, no quiero casarme aún. Me gustaría elegir alguna vez en mi vida.
La abuela Crigera, no pudo soportar esa frase de boca de su nieta, estaba atónita y decidió marcharse cerrando la puerta de golpe.

La joven reina dejó atrás su ira y se dispuso a vestirse. Llamó a su doncella y sacó de su armario un vestido dorado de satén, de corsé apretado y una amplia falda con brocado blanco. Claire trenzó el cabello y colocó una diadema de perlas en su delicada cabeza.
Estaba impresionante, pero no por el motivo por el que se encontraba allí, dispuesta a conocer a su futuro prometido.
Bajó las escaleras hasta el salón principal. Allí, se encontraba un apuesto joven de porte elegante y cabello como el oro. Sus ojos celestes brillaban con altanería.
Su abuela se encontraba hablando con un apuesto hombre, que se encontraba al lado del joven Lexan. Los dos estaban sumergidos en una intensa conversación, mientras que Lexan... la estaba mirando fijamente.
Narple se acercó lentamente al joven. Este cogió su mano con dulzura y depositó un beso en el dorso. Sus miradas se encontraron y Narple no sintió repulsión, sino todo lo contrario, una agradable sensación que se extendió por todo su cuerpo. Lexan sonrió y una bonita sonrisa se curvó en sus labios. Esta, cuando se dio cuenta de que Lexan iba a hablar para decirle algo, su abuela se acercó rápidamente y se interpuso entre los dos.
  • Lexan, querido, ya veo que por fin has conocido a mi preciosa nieta, tu prometida.
Narple palideció pero asintió lentamente. Tenía que demostrar que no era una niña, sino una reina. Aunque algo en su interior seguía rebelándose.
Un ruido se interpuso entre sus pensamientos y la realidad. La puerta se abrió de golpe y entró en la sala un chico que al principio a Narple se le antojo un ángel y corrió hacia el rey.

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