1:
Erase
una vez, una jovencita llamada Narple. Tenía la tierna edad de
quince años; una bonita melena castaña salvaje y unos ojos del color del
mar; una sonrisa dulce y tímida, una nariz chata y su físico era
pequeño y frágil, pero a la vez esbelto.
Esta
historia comienza como un día normal en su palacio. Se despertó en
su alcoba, cuando alguien tocó a la puerta. Su abuela Crigera
apareció por el delicado marco de la puerta y entró en la
habitación. Una Narple desconcertada miraba detenidamente a su
abuela que se disponía a contarle algo aparentemente importante.
- Narple, querida ya has florecido y sabes lo que eso conlleva. He convocado una reunión con el príncipe Lexan, que es un par de años mayor, pero servirá para formar una alianza.
Narple,
al escuchar a su abuela decir esa frase, cayó de pronto en como su
vida podría cambiar si ella llegara a casarse con Lexan, solo por
unir a los reinos y juntar fuerzas para las guerras, y entonces,
enfadada dijo:
- Abuela, no quiero casarme aún. Me gustaría elegir alguna vez en mi vida.
La
abuela Crigera, no pudo soportar esa frase de boca de su nieta,
estaba atónita y decidió marcharse cerrando la puerta de golpe.
La
joven reina dejó atrás su ira y se dispuso a vestirse. Llamó a su
doncella y sacó de su armario un vestido dorado de satén, de corsé
apretado y una amplia falda con brocado blanco. Claire trenzó el
cabello y colocó una diadema de perlas en su delicada cabeza.
Estaba
impresionante, pero no por el motivo por el que se encontraba allí,
dispuesta a conocer a su futuro prometido.
Bajó
las escaleras hasta el salón principal. Allí, se encontraba un
apuesto joven de porte elegante y cabello como el oro. Sus ojos
celestes brillaban con altanería.
Su
abuela se encontraba hablando con un apuesto hombre, que se
encontraba al lado del joven Lexan. Los dos estaban sumergidos en una
intensa conversación, mientras que Lexan... la estaba mirando
fijamente.
Narple
se acercó lentamente al joven. Este cogió su mano con dulzura y
depositó un beso en el dorso. Sus miradas se encontraron y Narple no
sintió repulsión, sino todo lo contrario, una agradable sensación
que se extendió por todo su cuerpo. Lexan sonrió y una bonita
sonrisa se curvó en sus labios. Esta, cuando se dio cuenta de
que Lexan iba a hablar para decirle algo, su abuela se acercó
rápidamente y se interpuso entre los dos.
- Lexan, querido, ya veo que por fin has conocido a mi preciosa nieta, tu prometida.
Narple
palideció pero asintió lentamente. Tenía que demostrar que no era
una niña, sino una reina. Aunque algo en su interior seguía
rebelándose.
Un
ruido se interpuso entre sus pensamientos y la realidad. La puerta se
abrió de golpe y entró en la sala un chico que al principio a
Narple se le antojo un ángel y corrió hacia el rey.
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