lunes, 21 de octubre de 2013

Otro poquito...

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El agua del lago estaba mas fría que de costumbre, pero no me importó; necesitaba despejarme y para eso, el lago Valan siempre me servía.
Me encontraba tan bien en el agua... hasta que percibí algo extraño y decidí salir. Una vez fuera me vestí rápidamente y me escondí en una rama de un árbol. Entonces vi que algo se movió detrás de una roca. Un chico, seguramente humano, salió de detrás de esta. Y para ser humano, era especialmente atractivo; su cabello rubio, sus ojos celestes... su cuerpo semi desnudo y su cara de sorpresa. Lo reconocí al instante, se trataba del príncipe Lexan. El joven estaba paralizado. De repente, me embargo una sensación de miedo, ¿me habrá visto? ¿se lo comunicará a los demás?
Este se marchaba ya por donde había venido y yo seguía angustiada con estos pensamientos, así que decidí seguirlo hasta donde quiera que vaya para ver lo que puede contar.
Corrí detrás de Lexan, iba a paso rápido. Utilizaba mis poderes para ocultarme. Algo pasaba, los airfireños estaban planeando algo. El joven príncipe tenía el pelo mojado por el calor y le confería un aspecto seductor y despreocupado. Tengo millones de años y ningún humano me había impactado tanto. Quite esos pensamientos de mi cabeza ya que nos encontrábamos cerca del campamento.
Permanecí visible y una arboleda me servía de escondite. El rey dijo algo a Lexan y este se sonrojó y con la cabeza baja se acercó a su padre. Agudicé el oído, necesitaba saber que decían, era de vital importancia. Así pues me aproxime a donde estaban los caballeros confundiéndome con al maleza. Calen habló y sus palabras se iban clavando en mi alma como un frío puñal. Fuego, mis árboles, mi hogar. Sentí que los ojos se volvían casi negros de la rabia. Una furia impropia de mi surgió de mis entrañas, pero algo detuvo mis impulsos de matar al rey... el príncipe Lexan tenía la mirada perdida en el infinito, parecía triste; no gritaba ni se alegraba por la quema de los árboles verylios. Algo menos amargo se instaló en mi corazón; la esperanza, no sabría explicarlo, pero ver esos ojos azules preocupados... De pronto desperté de mis ensoñaciones. El rey Calen había parado de hablar; reinaba el silencio. Tenía que salvar a mi pueblo, no podía seguir esperando al mestizo. Tenía que actuar, porque si no todo mi pueblo moriría. Existían dos opciones: retirar a los árboles, pero entonces entrarían y masacrarían Verylia o dejar que actuaran y... no, esa no era una opción. Nadie haría arder el bosque, sus bonitas casas, ni a sus mágicos habitantes. Lucharíamos, intentaríamos vencer o al menos, protegernos. Nada me retenía en el campamento así que corrí hacia mi fortaleza. Tan solo miré una vez atrás, cuando unos ojos celestes se clavaron en mi; aunque no me viera, él me presentía.

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