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El
agua del lago estaba mas fría que de costumbre, pero no me importó;
necesitaba despejarme y para eso, el lago Valan siempre me servía.
Me
encontraba tan bien en el agua... hasta que percibí algo extraño y
decidí salir. Una vez fuera me vestí rápidamente y me escondí en
una rama de un árbol. Entonces vi que algo se movió detrás de una
roca. Un chico, seguramente humano, salió de detrás de esta. Y para
ser humano, era especialmente atractivo; su cabello rubio, sus ojos
celestes... su cuerpo semi desnudo y su cara de sorpresa. Lo reconocí
al instante, se trataba del príncipe Lexan. El joven estaba
paralizado. De repente, me embargo una sensación de miedo, ¿me
habrá visto? ¿se lo comunicará a los demás?
Este
se marchaba ya por donde había venido y yo seguía angustiada con
estos pensamientos, así que decidí seguirlo hasta donde quiera que
vaya para ver lo que puede contar.
Corrí
detrás de Lexan, iba a paso rápido. Utilizaba mis poderes para
ocultarme. Algo pasaba, los airfireños estaban planeando algo. El
joven príncipe tenía el pelo mojado por el calor y le confería un
aspecto seductor y despreocupado. Tengo millones de años y ningún
humano me había impactado tanto. Quite esos pensamientos de mi
cabeza ya que nos encontrábamos cerca del campamento.
Permanecí
visible y una arboleda me servía de escondite. El rey dijo algo a
Lexan y este se sonrojó y con la cabeza baja se acercó a su padre.
Agudicé el oído, necesitaba saber que decían, era de vital
importancia. Así pues me aproxime a donde estaban los caballeros
confundiéndome con al maleza. Calen habló y sus palabras se iban
clavando en mi alma como un frío puñal. Fuego, mis árboles, mi
hogar. Sentí que los ojos se volvían casi negros de la rabia. Una
furia impropia de mi surgió de mis entrañas, pero algo detuvo mis
impulsos de matar al rey... el príncipe Lexan tenía la mirada
perdida en el infinito, parecía triste; no gritaba ni se alegraba
por la quema de los árboles verylios. Algo menos amargo se instaló
en mi corazón; la esperanza, no sabría explicarlo, pero ver esos
ojos azules preocupados... De pronto desperté de mis ensoñaciones.
El rey Calen había parado de hablar; reinaba el silencio. Tenía que
salvar a mi pueblo, no podía seguir esperando al mestizo. Tenía que
actuar, porque si no todo mi pueblo moriría. Existían dos opciones:
retirar a los árboles, pero entonces entrarían y masacrarían
Verylia o dejar que actuaran y... no, esa no era una opción. Nadie
haría arder el bosque, sus bonitas casas, ni a sus mágicos
habitantes. Lucharíamos, intentaríamos vencer o al menos,
protegernos. Nada me retenía en el campamento así que corrí hacia
mi fortaleza. Tan solo miré una vez atrás, cuando unos ojos
celestes se clavaron en mi; aunque no me viera, él me presentía.
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