sábado, 19 de octubre de 2013

Un trocito mas...


El rey Calen y el príncipe Lexan se encontraban en el campamento que habían montado en la frontera de Airfire con Verylia. Pasaron cuatro días y la situación no cambiaba. Los árboles seguían formando una barrera inquebrantable y los caballeros estaban alerta por si había alguna novedad. Pero el tiempo pasaba y nada cambiaba y la boda de Narple y Lexan se acercaba. Mientras tanto, Lexan y su padre, como todas las mañanas, entrenaban con las armas, preparándose para la gran batalla. En ese momento, Lexan se encontraba peleando contra su padre.
  • Lexan, hijo, yo hasta aquí llego hoy, voy a descansar.
  • Esta bien padre, yo me quedare un rato mas, de todas maneras, si necesitas algo, sabes donde encontrarme.
  • De acuerdo hijo, que se te de bien.
Y dicho esto, el rey Calen se retiro a descansar dejando a Lexan solo. Este, que solo llevaba puesto unos pantalones y una camisa, se quito esta, ya que el calor allí era insoportable y se encontraba solo. Siguió entrenando un rato mas, hasta que decidió dejarlo estar y dar un paseo por los alrededores. Cuando se dio cuenta, se había marchado sin la camiseta, pero le dio igual, y siguió caminando. Al rato, oyó algo y lo siguió. Llegó hasta un gran lago, el cual, poseía una gran catarata en su parte mas lejana, su parte verylia. De repente, algo surgió de las aguas y salió a la superficie. Lexan asombrado, vio que se trataba de una mujer. Esta tenía el cabello rubio cubriéndole la espalda y el resto de su cuerpo totalmente desnudo.
El príncipe se quedó paralizado, solo pudo moverse para ocultarse en una roca. Y se dio cuenta de que no se trataba de una humana sino de una verylia, ya que estos poseían todos la misma marca. La joven era hermosa según Lexan; los rasgos eran muy finos, su figura perfecta...
Lexan se quedo maravillado observando a la joven. La chica se vistió y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció como por arte de magia.
El príncipe anonadado fantaseó un segundo mas con la verylia hasta que regresó a la realidad y vio que seguía detrás de la roca, y decidió regresar al campamento. La vuelta fue agotadora, el sol abrasaba y el sudor se pegaba en el cabello rizándolo.
Cuando llegó al campamento era media tarde. Los caballeros estaban reunidos en torno al rey. Calen se percató de la llegada de su progenitor y le echó una mirada enfurecida.
  • ¡Príncipe Lexan Windfly! Estamos en mitad de una guerra y a ti se te ocurre desaparecer durante horas. ¡Tienes responsabilidades!
Lexan se sonrojó y se acercó a su padre. Tenía la cabeza baja. En su interior algo se debatía. No le contesto a su padre, le dirigió una mirada resignada. Calen comenzó a hablar de guerra.
  • ¡Caballeros! He estado pensando en un plan toda la mañana. Y este consiste en que como los árboles no retrocedan, tendremos que hacerlos retroceder nosotros. ¿Cómo? Os preguntareis, pues caballeros, pensad. ¿Qué puede vencer a los árboles? El fuego, señores, fuego. Si no retroceden, ¡ los quemaremos !
Los caballeros soltaron gritos de guerra y sus caras se iluminaron. Tenían ganas de luchar.
  • ¡Qué ardan los verylios!- gritaron al unísono.
El único que no se unió al jolgorio fue Lexan, que tenía la vista clavada en los árboles y se imaginó a la hermosa verylia en llamas y se le revolvió el estómago. Algo tan bello no podía ser tan malo, no debía ser destruido. Su corazón estaba dividido, su patria o... ella.

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