El
rey Calen y el príncipe Lexan se encontraban en el campamento que
habían montado en la frontera de Airfire con Verylia. Pasaron cuatro
días y la situación no cambiaba. Los árboles seguían formando una
barrera inquebrantable y los caballeros estaban alerta por si había
alguna novedad. Pero el tiempo pasaba y nada cambiaba y la boda de
Narple y Lexan se acercaba. Mientras tanto, Lexan y su padre, como
todas las mañanas, entrenaban con las armas, preparándose para la
gran batalla. En ese momento, Lexan se encontraba peleando contra su
padre.
- Lexan, hijo, yo hasta aquí llego hoy, voy a descansar.
- Esta bien padre, yo me quedare un rato mas, de todas maneras, si necesitas algo, sabes donde encontrarme.
- De acuerdo hijo, que se te de bien.
Y
dicho esto, el rey Calen se retiro a descansar dejando a Lexan solo.
Este, que solo llevaba puesto unos pantalones y una camisa, se quito
esta, ya que el calor allí era insoportable y se encontraba solo.
Siguió entrenando un rato mas, hasta que decidió dejarlo estar y
dar un paseo por los alrededores. Cuando se dio cuenta, se había
marchado sin la camiseta, pero le dio igual, y siguió caminando. Al
rato, oyó algo y lo siguió. Llegó hasta un gran lago, el cual,
poseía una gran catarata en su parte mas lejana, su parte verylia.
De repente, algo surgió de las aguas y salió a la superficie. Lexan
asombrado, vio que se trataba de una mujer. Esta tenía el cabello
rubio cubriéndole la espalda y el resto de su cuerpo totalmente
desnudo.
El
príncipe se quedó paralizado, solo pudo moverse para ocultarse en
una roca. Y se dio cuenta de que no se trataba de una humana sino de
una verylia, ya que estos poseían todos la misma marca. La joven era
hermosa según Lexan; los rasgos eran muy finos, su figura
perfecta...
Lexan
se quedo maravillado observando a la joven. La chica se vistió y en
un abrir y cerrar de ojos, desapareció como por arte de magia.
El
príncipe anonadado fantaseó un segundo mas con la verylia hasta que
regresó a la realidad y vio que seguía detrás de la roca, y
decidió regresar al campamento. La vuelta fue agotadora, el sol
abrasaba y el sudor se pegaba en el cabello rizándolo.
Cuando
llegó al campamento era media tarde. Los caballeros estaban reunidos
en torno al rey. Calen se percató de la llegada de su progenitor y
le echó una mirada enfurecida.
- ¡Príncipe Lexan Windfly! Estamos en mitad de una guerra y a ti se te ocurre desaparecer durante horas. ¡Tienes responsabilidades!
Lexan
se sonrojó y se acercó a su padre. Tenía la cabeza baja. En su
interior algo se debatía. No le contesto a su padre, le dirigió una
mirada resignada. Calen comenzó a hablar de guerra.
- ¡Caballeros! He estado pensando en un plan toda la mañana. Y este consiste en que como los árboles no retrocedan, tendremos que hacerlos retroceder nosotros. ¿Cómo? Os preguntareis, pues caballeros, pensad. ¿Qué puede vencer a los árboles? El fuego, señores, fuego. Si no retroceden, ¡ los quemaremos !
Los
caballeros soltaron gritos de guerra y sus caras se iluminaron.
Tenían ganas de luchar.
- ¡Qué ardan los verylios!- gritaron al unísono.
El
único que no se unió al jolgorio fue Lexan, que tenía la vista
clavada en los árboles y se imaginó a la hermosa verylia en llamas
y se le revolvió el estómago. Algo tan bello no podía ser tan
malo, no debía ser destruido. Su corazón estaba dividido, su patria
o... ella.
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