jueves, 17 de octubre de 2013

Otro trocito...

Me desperté con el camisón pegado al cuerpo. Mechones pelirrojos oscuros se adherían a mi rostro sudoroso. Había tenido otra vez ese sueño...
'' Estaba sentada en una rama de árbol observando las estrellas cuando sentí que unas cálidas manos me tapaban los ojos. Solté una risa juguetona y me di la vuelta. Lizan con su pelo oscuro alborotado y sus verdes ojos estaba mirándome con deseo. Le rodeé el cuello con las manos y le besé apasionadamente. El deslizó sus manos hasta mis caderas y me atrajo hacia él. Le quite la camiseta y deje su musculoso torso desnudo. Su perfección verylia me impactaba. Me tumbó sobre la fresca hierba de primavera y comenzó a explorar mi cuerpo cubriéndomelo de suaves besos y tiernas caricias. El me susurraba te quiero una y otra vez al oído. Nuestro amor prohibido se hacia mas fuerte. La marca de Lizan brillaba en la noche igual que nuestras almas y cuerpos fundidos en la oscuridad.''
Últimamente he tenido este sueño bastantes veces... y no se que puede significar; fue algo que paso hace tanto tiempo... dieciséis años...
Me incorporé en la cama y me giré; allí se encontraba Calen, mi esposo desde hace mas de veinte años, mi rey, por el cual siento un cariño inmenso, pero no lo amo como a Lizan. Con Calen he tenido una vida increíble, desde que me case con el... yo era muy joven, tan solo tenía diecisiete años... pero Lizan... es mi único amor verdadero, aunque el destino y las circunstancias nos separaron, siempre lo he querido y siempre lo querré. Y ese sueño me recuerda cada día lo que sucedió esa noche y las consecuencias que tuvo.
De repente volví a la realidad porque Calen se movió y pensé que podía despertarse. Tenía el cabello color miel revuelto y sus ojos azules en ese momento se abrieron.
  • Buenos días mi reina.- dijo el rey bostezando y dándole un beso en la mejilla.
  • Buenos días cariño. ¿Qué tal has dormido?- dije dulcemente.
  • Bien. Por cierto amor, hoy tienes que ir a Terramar a informar a los chicos sobre el enlace.
  • De acuerdo, iré ahora mas tarde, cuando haga un par de cosas.
  • Perfecto, yo hoy no puedo acompañarte y Lexan se viene conmigo, pero no quiero que vayas sola, así que algún caballero que este libre vaya contigo.
  • Vale, pero lo elijo yo.- dije con emoción.
Cuando Calen se levantó, vistió y marchó, yo seguí en la cama. No tenía ganas de nada, pero debía hacerlo, así que me levante y llamé a Lamfer, mi doncella. Era una muchacha de piel oscura, cabello corto y negro y unos ojos del color del carbón, de unos treinta años.
  • Majestad, ¿Qué vestido le gustaría ponerse hoy?- dijo Lamfer.
  • El verde esperanza, para darle alegría a esta mañana.- añadí con ironía.
  • Como diga alteza, ese realza el color de su cabello.
Me puse el vestido verde y Lamfer me recogió el cabello en una trenza tejida, además de ponerme un collar de perlas que me había regalado Lizan.
Cuando bajé, ya se habían marchado Calen junto a Lexan, y en el palacio solo estábamos yo y los criados, así que salí fuera del castillo y me dirigí a buscar al caballero que me acompañaría. Ya tenía muy claro quien me iba a acompañar, estuviera o no ocupado.
Lo encontré entrenando con la espada con un muñeco en la parte trasera del castillo. Se encontraba sin camiseta y eso dejaba ver el impresionante cuerpo que este poseía, sin duda, lo había heredado de su padre.
  • ¡Dariel! ¡Dariel!- grité desde la lejanía para llamar su atención.
Este al verme, se puso rápidamente su camiseta y corrió a mi encuentro.
  • Su majestad... ¿En que puedo ayudarla?
  • Me gustaría que me acompañaras a Terramar.
  • Como ordene, ahora mismo me alisto y nos ponemos en marcha.
¤ ¤ ¤


Nalia llegó a palacio. Crigera la esperaba en la puerta. Juntas, entraron en la sala principal. Se sentaron en un sofá de terciopelo y tras unos instantes de silencio comenzaron a hablar.
  • Bienvenida a mi hogar Nalia.
  • Mucho gusto de estar aquí.- dijo con frialdad.
  • Querida, como futura suegra de la reina tienes que informarle de los asuntos matrimoniales para la prosperidad del reino.
  • Esta bien Crigera, traiga a la chica.- murmuró con aspereza.
La abuela subió las escaleras bañadas en oro y con adornos florales en marfil. Llamó a Narple y esta salió algo cohibida. Su vestido azul celeste de seda se arremolinaba en sus pies al andar y su cabello suelto le caía con gracia por la espalda. Narple bajó dignamente las escaleras seguida por su abuela.
Una vez ya abajo, Narple saludó a Nalia con una inclinación de cabeza y esta le respondió igual. Las tres se sentaron y comenzaron a conversar.
  • Nalia querida, aquí tienes a mi nieta.
  • Ya la estoy viendo. Narple, estoy aquí para lo que te podrás imaginar; para hablar sobre tu enlace con mi hijo Lexan.
    Sabrás que el principal motivo de esta unión es la misma de los reinos para la guerra, para nada más. Pero como tal, es un matrimonio válido como cualquier otro, así que tienes que cumplir con tus deberes como esposa y reina. ¿Sabes lo que es el encamamiento?, antes de eso, ¿has florecido?
Narple al ver la aspereza con la que la reina la trataba y las preguntas que le hacía, no pudo evitar palidecer.
  • Yo... esto...sí, he florecido hace un par de lunas, pero... y eso del encamamiento... ¿Qué es... señora?
  • Veras, Narple, resulta que como esposa debes cumplirle a tu marido... cuando lo desee... ¿Sabes a que me refiero?
  • Lo siento señora. No le entiendo.- dijo con timidez.
  • Hija, tienes que yacer con mi hijo siempre que lo quiera.- explicó Nalia con cierta nota de compasión.
  • Oh.- Narple palideció aún mas.- Mi reina tengo que salir un momento. Mis mas sentidas disculpas.
La joven reina salió corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos. Necesitaba aire inmediatamente. Llegó al jardín trasero del castillo y se sentó en el borde de la fuente de mármol.
  • No puede ser...- se decía a si misma la joven reina.- no puedo hacerlo... Lexan es muy guapo y demás... pero no lo amo...
Y sin poder evitarlo, rompió a llorar amargamente por su desdichado destino... pero es la reina y no se podía echar para atrás...

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