martes, 15 de octubre de 2013

Sigamos...


Verylia era un caos. La frontera con Airfire estaba llena de cadáveres. Los caballeros de Airfire avanzaban con rapidez hacia la fortaleza.
Verylia era una civilización antigua siempre protegida por árboles enlazados, de verdes ramas y frondosas hojas; árboles, con tantos años que habían vivido todos los cambios de este mundo, ya que la mismísima Ilian, la primera de todos los seres vivos los plantó.
La reina verylia Ireth, miraba desolada como su pueblo caía uno a uno. No podía estarse quieta, y utilizó lo último que quería utilizar, la magia. Estiró sus delgados dedos y empezaron a manar de ellos destellos dorados. Los árboles de los alrededores comenzaron a juntarse, movidos por una mano invisible, formando una cúpula protectora por toda la fortaleza.
Los caballeros de Airfire al ver que los árboles comenzaban a moverse, retrocedieron asustados, ya que estos estaban formando una barrera y ante eso, no pudieron hacer nada y decidieron retirarse.
  • Caballeros... ¡retirada! Los árboles les defienden... ¡ malditos hijos de....!
Los árboles respondieron correctamente a la invisible llamada de su reina mientras los atacantes abandonaban su tierra.
Mientras los caballeros de Airfire se retiraban, la reina Ireth, gracias a sus poderes mentales, tuvo una visión, en la cual, vio la retirada de estos y sonrió satisfecha. Había conseguido lo que se propuso, en esos instantes, estaban a salvo.
Los verylios se reunieron alrededor de la gran fortaleza, la reina salió y les habló:
--Verylios, los humanos nos quieren destruir, están juntando fuerzas. Tienen miedo de lo que no es igual que ellos. Tenemos que ser fuertes. Si tenemos que luchar, ¡lucharemos!- Ireth dijo esto último con un grito. Todo su pueblo respondió. Ella se apartó un mechón rubio de su cara y miró desafiante a la multitud.
Ireth intentaba demostrar una confianza que no tenía. Ella al igual que sus árboles había sufrido todas las penas del mundo y seguía esperando al salvador. Solo aparentaba veinte años pero durante toda su vida había dirigido a su pueblo. Y tan solo ella sabía el gran secreto que lograría unir a todo su mundo.
Se retiró a sus aposentos para descansar, ya que el hechizo que había utilizado para crear la cúpula de árboles la había dejado agotada y no se encontraba con fuerzas para nada.
Al abrir la puerta, lo primero que hizo fue dirigirse enfrente del espejo.
Este le devolvió una imagen de ella toda demacrada. Se soltó el cabello rubio y este se fue deshaciendo poco a poco de la trenza donde estaba sujeto. Una vez suelto, lo peinó, y volvió a recoger con un lazo tejido con hierba fresca, y este le cayó por la espalda. Se sentó en su cama y vio aparecer por la ventana una claraluzscura, seres parecidos a lo que conocemos como mariposas, pero solo que más grandes. Esta le traía un mensaje:
'' Majestad, le escribo para comunicarle algo sumamente importante. Resulta que el príncipe Lexan Windfly ha sido prometido con la princesa Narple Starland para unir a los reinos de Airfire y Terramar en esta guerra contra nosotros. No son buenas noticias, lo se, pero confío en usted.'' Firmado: Lizan
Al leer este mensaje, los ojos de la reina se pusieron más oscuros de la ira. Decidió tranquilizarse durmiendo un momento. La claraluzscura de Lizan se quedo con ella. En la luz del día, era una mariposa corriente, pero cuando la reina cerró las ventanas, en la oscuridad, brillaba, poseía un resplandor único que a Ireth fascinaba.
                                      §          §            §                   §
El sol entraba tenuemente por la ventana en mi habitación del palacio. Estaba en tensión, tenía un mal presentimiento. Me estiré lentamente y salí de la cama. Hoy sería un día largo. Me puse el jubón con el emblema de los Windfly, ráfagas de viento y una llama de fuego, bastante predecible. Dudaba en si ponerme la armadura plateada, al final me la coloqué. Intenté domar mi cabello castaño rojizo, misión imposible.... aunque al menos tenía un aspecto presentable. De repente sentí un escalofrío y dirigí la mano hacía mi extraña marca de nacimiento en forma de alas. Sabía que no era del todo normal pero decidí ignorar ese pensamiento.
Bajé las escaleras para encontrarme con mi rey, pero recordé que esta mañana temprano había navegado hacia Terramar por un asunto militar... ¿o era matrimonial? Bueno, era algo relacionado con los verylios. En realidad siempre esta relacionado con ellos. Yo nunca los he visto como una raza peligrosa, es difícil de explicar, sé que todo el mundo está en contra de ellos y.. yo tendré que defender mi reino, aunque en mi corazón no hay odio hacia ellos.
No sé que hacer. Salgo al bosque ha investigar, puede que haya noticias de la guerra. Antes de decidir por donde empezar, un escudero sudado me agarró del brazo.
  • ¡Dariel! Hay problemas, los verylios atacan... Informa al rey Calen de que piensan atacar.... ¡corre!
  • Va.. vale... iré. Gracias por la información.
Tras procesar las palabras corrí hacia el establo y cogí un semental blanco de brillantes crines. El caballo se llamaba Nieve obviamente, por petición de la reina Nalia... aunque estoy pensando en cambiarle el nombre...
Cabalgué a galope hacia el embarcadero. No podía cruzar a Terramar a través de tierra, Verylia estaba en el centro y tenía fronteras inquebrantables. Se decía que si las atravesabas y llegabas con la reina, jamas regresabas. Leyendas, pero prefiero ir por mar, se acortan distancias y me encanta la sensación de la brisa marina en el rostro.
Subí a una galera pequeña y dejé a Nieve a un mozo. El capitán arranco en seguida y en pocas horas estaba en la costa de Terramar. El camino hasta el castillo sería a pie. Pero se veía que su estandarte con forma de estrella y un bosque en su interior ondeaba con elegancia. Corrí colina arriba hasta ver el castillo a dos palmos de mi cara. De piedra gris, preciosos acabados en oro y grandes cúpulas y balcones de cuento de hada. Llamé con fuerza al pomo con forma estrellada y me abrió un criado.
  • Vengo a darle noticias a su majestad, el rey Calen, soy Dariel, su caballero real.
El criado no puso objeciones y me dejó pasar. Apresuré mi paso hasta el ala principal de palacio. En el centro de la sala estaba el rey... y ella.
Unos ojos cautivadores me observaron. Una agradable sensación me recorrió. Y me quedé prendado de aquella mirada y de su portadora.

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